miércoles, 4 de junio de 2008

MAGACELA

Salgo para Magacela (Badajoz), viñas, olivos, pastos. Dejo atrás los rosales de Campanario y un hermoso chilindro en flor. Me sobrevuelan una pareja de halcones. Oígo algunos abejarucos, trigueros, jilgueros, una pareja de cogujadas se levantan al verme.
Veo a lo lejos dos enormes mastines sueltos. Tengo que saltar una alambrada y camino paralelo al Camino, junto a la vía del tren. Vuelvo al Camino, después de varios kilómetros. Gracias al bordón puedo levantar la alambrada y reptar bajo ella. Paso un arroyuelo con abundante agua. La rama de un árbol me atrapa. Más tarde me dí cuenta de que se quedaron con el bocadillo, lo llevaba enganchado a la mochila. Sería el tributo por pasar. A la izquierda del camino unas ruinas de una antigua construcción ibero/ tartésica. “La Mata”. Más adelante restos de una fortaleza. Grandes hornos abandonados que se dedicaban al ladrillo y cal.

Magacela está bien alto. Garbanzos, espárragos en las tierras de labor. Encinas, retamal, jaras, espliegues. Magnifica fuente antes de subir la cuesta. Me indican que cerca hay un dolmen, me dirijo a visitarlo. En medio del trigal. Extraordinario. Toco las enormes piedras que parecían formar un círculo. Subo al pueblo entre olivos milenarios. Atrás se queda una cantera de granito que está abandonada y una gran laguna. La ganadería sigue siendo bovina y porcina. Leo un panel informativo sobre pinturas rupestres. Hay que apartarse otra vez del Camino. Me aventuro. Atravieso un eucaliptal ¡qué barbaridad! Que destroza el monte. Algunas coscojas se resisten. Al rato vuelven las encinas, jaras, coscojas, alhucemas, cornicabras, lentisco.
Encuentro una cancela con candado. Salto y por fin, después de varios kilómetros puedo ver al abrigo de una roca, una mancha rojiza esquemática que semeja una enorme pulga (Neolítica).
Intento bajar para buscar el Camino. Un pero lobo cruzado y un mastín me detienen. Grito y no me muevo. Las fieras me rodean- no eran perros- viene el dueño y me grita para que no intente hacer nada. Por fin me libro de ellos. Camino lento y seguro. Me ladran detrás y finalmente me dejan. ¡Qué miedo pasé!.

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