miércoles, 4 de junio de 2008

Traigo conmigo el recuerdo del mirlo y del ruiseñor que parecían competir para ver quién me agradaba más. Salida de Córdoba, una cañada en la umbría. Recuerdos. Y el olor de la madreselva con el rocío. Por la vía verde van algunos corredores ¿de qué huirán? ¿será de ellos mismos?. Siempre me lo he preguntado. Algunos jubilados con y sin perros. Mujeres de andar nervioso y sudorosos. Me llama la atención una mujer envuelta en plástico, no jadea.

En Doña Mencía, un sacerdote muy mayor nos hospeda en la casa parroquial. De vez en cuando este cura desconecta de lo terrenal. Pepe y Gerard siguen su increíble ritmo. Dos en uno.

Miguel Guerrero, joven, curtido, andarín, coíno, comenta con asombro: “Si no lo veo, no lo creo”. Voy más fuerte de lo normal y me sacan más de media hora. No sé si terminaran saliéndose de sus sombras o de sus auras.

Alternamos el vino “Mataperegrinos” con el Montilla en rama. De tarde en tarde un chupito de aguardiente.

En Villaharta consiguen meter al “Rojo” en el calabozo. Nos hospedamos en el polideportivo. Mis compañeros eligen una SUITE para tres y a mí me meten en un zulo muy confortable. Gracias.

Llueve a la salida de Villaharta. Lloverá todo el día. Decido ir por la carretera a Pozoblanco, próximo a los Alcacaracejos, 35 km de asfalto. La carretera es tranquila y apenas hay coches. Siento mucha paz. Libertad. Fuerza.

Hay unos hermosos álamos blancos junto a un arroyo. Jenales. Parecen que unos pinos se asoman para saludarme. Otros intentan bajar para saludar al peregrino. Llego al Puerto del Chimorro-calatraveño, he pasado por un hermoso valle (Los Pedroches) del río Guadalbarbo. Ruinas de un viejo molino de río y restos de un acueducto. A la entrada de Pozoblanco me recoge mi sobrino. Me desborda con tanta atención. Llego destrozado, gacha, descanso, comida. Casi me recupero. Me acerco a los Alcaracejos para ver cómo están mis compañeros. Pozoblanco es el motor económico de esta comarca, gente trabajadora.

Me miro en el espejo y casi no me reconozco, me tiro de las orejas y saco la lengua para comprobar mi identidad.

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